HISOTIRA
ROMA Y JERUSALEM
JULIÁN SCHVINDLERMAN
(Debate - Buenos Aires)

Se presenta aquí la historia de la compleja -y muchas veces frustrante- relación del pueblo judío con la Santa Sede. Para ello recurre a una documentación detallada y precisa que incluye discursos papales, artículos periodísticos del New York Times, The Jerusalem Post, La Nación, L'Osservatore Romano, Civiltá Cattolica; la Declaración Nostra Estate sobre la relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas (1965) y un Acuerdo entre la Santa Sede y el Estado de Israel. Su autor, analista político y conferencista, de origen judío, revela el inmenso poder de la Iglesia desde siempre. Se cuenta que cuando Napoleón en sus campañas necesitó de Roma ordena a su emisario: "Lidie con el Papa como si él tuviera 200.000 hombres bajo su mando". Esa imagen de una Iglesia Católica fuerte que ha perseguido durante siglos al pueblo judío, con algunos atenuantes en los últimos 40 años, es la síntesis del libro. Señala el autor, con tristeza, que desde el 12 de julio de 1555 el Papa Pablo IV emite una Bula Papal por la cual establece el primer ghetto judío en Roma, que marca un nuevo aislamiento los judíos en la Cristiandad.

Queda claro que la lucha del pueblo judío se centró en dos asuntos: ser reconocido como Nación y no sólo como comunidad religiosa; y, coherente con ello, obtener una tierra propia donde afincarse después de siglos de exilio. Es entonces cuando aparece el sionismo como un movimiento laico, de carácter político, que buscaba la fundación del Estado de Israel y que preocupó sobremanera a la Iglesia. El término "sionismo" -acuñado durante 1885 por Birnbaum- alude a Sión, unos de los nombres bíblicos de Jerusalem. La Iglesia se opuso siempre al sionismo, motor de la creación del Estado Judío, como consta en expresiones de altos dignatarios de la Iglesia. Señala el texto la vocación nacionalista del pueblo judío y una particular nostalgia por la tierra de sus antepasados que favoreció el vínculo con Israel como Tierra Prometida. En noviembre de 1947, la ONU decide la creación de dos estados en Palestina, uno judío y otro árabe. Los judíos celebran; los árabes desarrollaron gran animosidad hasta hoy. El estado de Israel se crea en 1948 e, incluso en ese momento, algunas voces de la Iglesia Católica se levantan en contra de ello por considerar peligrosa la presencia de judíos en Tierra consagrada.

En 1896 Herzl escribe un libro, llamado El estado judío, que fue premonitorio. Sin embargo, debieron pasar 52 años para que se concretara el sueño del fin del exilio. Reclama el silencio de la Santa Sede ante el Holocausto en medio de la Segunda Guerra Mundial, cuando parecía imposible ignorar tal atrocidad. Ante esos hechos y otras tantas situaciones conflictivas, el Papado dio respuestas teológicas a temas de fuerte corte político, lo que profundizó las distancias entre ambas partes. Pero no todo fue negativo. Juan XXIII y Juan Pablo II cambiaron radicalmente la actitud de la Iglesia frente al pueblo judío y reconocieron al Estado de Israel, todo un triunfo para los judíos.

Libro muy interesante, serio en sus planteos, narra con dolor y ansias de reparación los avatares de una "Nación que posee demasiada poca geografía para tanta historia". © LA GACETA